El Papa pide a los católicos rezar el Rosario por la Paz

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En este mes de mayo, el Papa Francisco convoca a los católicos del mundo a rezar el Rosario por la Paz, como lo pidió la Virgen María en Fátima — santuario en donde él estará hoy viernes 12 y mañana sábado 13, centenario de las apariciones:

El Papa habló de su peregrinación a Fátima el 7 de mayo, después de la oración mariana del Regina Coeli, en la plaza San Pedro y también de la tradicional “Súplica“ a la Virgen María, una oración del santuario de Pompeya (Italia), que se recita en todas las parroquias de Italia. Unas 25.000 personas estaban presentes.

“Mañana haremos la oración de Súplica a la Virgen del Rosario de Pomeya. En este mes de mayo, recemos el rosario en particular por la paz. Yo les pido: recemos el rosario por la paz, como la Virgen lo ha pedido en Fátima, donde iré en peregrinación dentro de unos días con ocasión del centenario de la primera aparición”, ha dicho el Papa Francisco.

Después del Regina Coeli, el Papa destacó la beatificación que tuvo lugar el día anterior (sábado 6 de mayo) en Gerona, de 7 misioneros del Sagrado Corazón, mártires de la guerra civil española. Asimismo, elogió el trabajo de la asociación “Meter” para la protección de los niños. Acababa de ordenar a 10 nuevos sacerdotes en la basílica de San Pedro. Cuatro de ellos, del seminario de Letrán, se asomaron a la ventana junto al Santo Padre para impartir con él la bendición a los peregrinos.

A continuación, la Súplica a la Virgen María escrita por el beato Bartolo Longo. Se recita tradicionalmente en Italia al mediodía, el 8 de mayo, y el primer domingo de octubre.

Súplica a la Reina del Rosario de Pompeya

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

Oh Augusta Reina de las Victorias, oh Soberana del Cielo y de la Tierra, en tu nombre se alegran los cielos y tiemblan los abismos, oh Reina gloriosa del Rosario, nosotros tus hijos devotos, reunidos en tu Templo de Pompeya (en este día solemne: el 8 de mayo y el primer domingo de octubre), derramamos las afecciones de nuestro corazón” y con una confianza filial total, te expresamos nuestras miserias.

Oh María: desde tu Trono de clemencia, donde estás sentada como Reina, dirige tu mirada compasiva sobre nosotros, sobre nuestras familias, sobre Italia, sobre Europa, y sobre el mundo.

Ten compasión de las angustias y de los tormentos que ensombrecen nuestra vida. Mira, oh Madre, mira cómo nos oprimen los peligros en el alma y el cuerpo, tanto como las calamidades y aflicciones.

Oh Madre, implora sobre nosotros la misericordia de tu divino Hijo, y vence por la clemencia el corazón de los pecadores, que son nuestros hermanos y tus hijos, y que costaron tanta sangre a Jesús y entristecieron tu corazón tan sensible. Muéstrate a todos tal y como eres, Reina de la paz y del perdón.

Dios te salve María…

Es verdad que nosotros, primero aunque seamos tus hijos, por nuestros pecados, te crucificados de nuevo en nuestro corazón Jesús.

Nosotros confesamos: merecemos el más duro castigo, pero tu, acuérdate que en el Gólgota has recogido con la sangre divina, el testamento del Redentor moribundo que GE ha designado como nuestra Madre, Madre de pecadores. Como nuestra Madre ,tu eres nuestra abogada, nuestra esperanza. Y nosotros gimiendo, extendemos nuestras manos suplicantes, hacia ti gritamos Misericordia!.

Oh Madre de bondad, ten piedad de nosotros, de nuestras almas, de nuestras familias, de nuestros padres, de nuestros amigos, de nuestros difuntos, y sobre todo de nuestros enemigos y de todos aquellos que se dicen cristianos y que por tanto ofenden al corazón amable de tu Hijo. Imploramos hoy piedad por las Naciones equivocadas, por toda Europa, por el mundo entero, a fin de que se arrepientan y regresen a tu corazón.

Misericordia para todos, ¡oh Madre de Misericordia!

Dios te salve María…

Dígnate escucharnos con benevolencia, oh María. Jesús ha puesto en tus manos los tesoros de sus gracias y de sus misericordias.

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El Papa Francisco insistió en su pedido a los católicos para que recen el Rosario pidiendo por la paz, tal como la Virgen pidió en Fátima

Tu estás sentada coronada Reina, a la derecha de tu Hijo, resplandeciente de tu gloria inmortal sobre los Coros de los Ángeles. Tu extiendes tu dominio sobre toda la extensión del cielo y la tierra y todas las criaturas están sometidas a ti.

Tu eres la todopoderosa por gracia, tu puedes ayudarnos. Y si tu no quieres ayudarnos por que nosotros somos hijos ingratos e indignos de tu protección, no sabríamos a quién dirigirnos. Tu corazón de Madre no permitirá ver a tus hijos perdidos. El niño que vemos en tu regazo y la Corona mística que nosotros admiramos en tu mano, nos inspira confianza de que seremos escuchados. Y nosotros tenemos plena confianza en ti, nos abandonamos como débiles hijos entre los brazos de la más tierna de las madres, y, hoy mismo esperamos de ti las gracias tan deseadas.

Dios te salve María…

Pedimos la bendición de María

Una última gracia, te pedimos ahora oh Reina, y tú no puedes rechazarla (en este día tan solemne). Concédenos a todos tu amor fiel, y de una manera especial tu bendición materna.

No nos separaremos de ti hasta que no nos hayas bendecido. Bendice oh María en este momento, al Soberano Pontífice. En el esplendor antiguo de tu Corona, en los triunfos de tu Rosario, por el cual eres llamada Reina de las Victorias, añade esto oh Maria: concede el triunfo a la religión y la paz a la sociedad humana. Bendice a nuestros Obispos, a nuestros sacerdotes, y en particular a todos aquellos que se han dedicado por el honor de tu Santuario. Bendice a todos los asociados de tu Templo de Pompeya y a todos aquellos que cultivan y difunden la devoción del Santo Rosario.

Oh Rosario bendito de María, que nos une a Dios, lugar de amor que nos une a los Ángeles, torre de salvación contra los asaltos del infierno, puerto en el que el naufrago común, no te dejaremos jamás.

Tu serás nuestro aliento en la hora de la agonía, a ti el último beso de la vida que se extingue.

Y el último acento en nuestros labios será tu suave nombre, oh Reina del Rosario de Pompeya, oh nuestra querida Madre, oh Refugio de los pecadores, oh Soberana consoladora de los afligidos.

Bendita seas por siempre en la tierra y en el cielo.

Amén.

Salve Regina…


Fuente: Zenit

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