Rezar el Rosario transformó las vidas de una Bautista fundamentalista y de un tibio católico

El rosario es un icono de la identidad católica, que puedes también encontrar en millones de cajones, carteras, bolsillos, manos y corazones de católicos, por no mencionar que cuelga de los espejos retrovisores en muchos vehículos.

Las redes sociales han dado un nuevo impulso a esta centenaria oración, como recurso de la fe para millones. Y no solo en momentos de crisis, sino también como un camino cotidiano que facilita el contacto directo con Cristo. Así lo promueve en YouTube el más novel de estos canales que –confiado a la Virgen de Fátima, la Señora del Rosario– invita a rezarlo y sumar suscripciones con el explícito nombre: “Rosario de la Esperanza”.

Sin embargo, el Rosario no es del agrado de todos. Algunos lo resisten por encontrarlo aburrido o anticuado. A otros les cuesta relacionarse con la Virgen y no pocos tienen resistencias muy estructuradas en sus creencias; como era el caso de Heather y David que en los siguientes párrafos conoceremos.

Contemplar a Cristo

Heather Chastain Bain fue educada como bautista fundamentalista. Ella creía que “los católicos no eran cristianos. Adoraban a María, y la Iglesia era la prostituta de Babilonia del Apocalipsis. Pensaba que era mi deber convertirlos”.

Pero cuando Heather dio folletos anticatólicos a un vecino católico devoto, con la esperanza de “salvarlo”, él le dio textos católicos para que los leyera, iniciando siete años de debate y diálogo amistoso. Luego, mientras asistía a un colegio cristiano local, un profesor al que describe como un “católico de armario” le abrió los ojos a la coherencia y la belleza del catolicismo a través de los escritos de G.K. Chesterton, Santo Tomás de Aquino, Flannery O’Connor y otros. Un día, le llegó la convicción en la oración de que debía unirse a la Iglesia. “Pero tardé siete años más en tener el valor de entrar”, continúa Heather. “Todavía tenía esos temores profundamente arraigados de ser una idólatra de María y de los santos”.

Heather conocía bien el testimonio de la Iglesia sobre la grandeza del Rosario, y finalmente, se armó de valor para probarlo. “Empecé a rezar, segura de que mi razón y mis intenciones me protegerían de cualquier tendencia a la idolatría. Mientras rezaba, me di cuenta de que no había ningún peligro. Comencé a identificarme con María, en su embarazo, en su ayuda a Isabel, en su custodia del Niño Jesús. Estas oraciones no se referían a María, sino al Cristo al que apunta toda su vida. Ella es la lente por la que miramos, no el objeto de nuestra mirada. Un Avemaría me llevó a otro y finalmente al Avemaría de la Reina. Terminé, sintiendo nada más que paz en mi corazón. También había añadido una intención especial a este Rosario. Cuando fue respondida un par de días después, comprendió era la afirmación de que podía rezar esta oración sin miedo”.

Los hombres también rezan el Rosario

David Calvillo nunca vio nada malo en el Rosario. Pensó que simplemente no era una cosa de hombres. “Yo era un cabeza de chorlito. Pensaba que el Rosario era para las ancianas y los funerales”, dice. “Pensaba que mi madre lo rezaba lo suficiente para toda la familia. Yo era demasiado genial para esas cosas tan pintorescas”.

Hoy, David y su mujer, Valerie, dirigen una organización llamada Real Men Pray the Rosary. ¿Qué lo hizo cambiar?

En el verano de 2008, David se apuntó a un retiro para hombres, celebrado en un monasterio rural. Fue un acto de desesperación. Quería hacer algo, lo que fuera, para salvar un matrimonio que fracasaba, y estaba convencido de que el retiro le ayudaría a enderezar su mentalidad y a establecer prioridades. No estaba preparado para lo que ocurrió la primera mañana, cuando él y los otros 80 hombres salieron a rezar el Rosario: “Cuando empezamos a rezar, poco a poco me di cuenta de la maravilla y la belleza de lo que estos hombres estaban haciendo antes del amanecer, en medio de la nada. Empecé a llorar…. Me maravilló la alegría indescriptible y visceral de ver a 80 hombres queriendo conectarse con Dios, pidiendo fervientemente ayuda para hacer el bien con sus vidas”. Esta experiencia se repetía cada mañana. Ahora, reconectado con Jesús a través de María, David pudo volver a casa y reparar sus relaciones familiares.

“Ahora”, dice David, “veo a María como mi entrenadora espiritual y al Rosario como mi ejercicio espiritual, que me lleva por un camino organizado y sistemático para alimentar mi fe”.


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