La fe viva de Ethan y Bobbi: Ella regala rosarios que fabrica y él es un líder llamado por Dios al sacerdocio

ethan y bobbi
Ethan y Bobbi

Son asiduos a la eucaristía, la confesión, la vida de oración y es en el servicio a sus comunidades donde han reconocido la voz de Dios llamándolos a darse aún más a Él.

Aunque cada año surgen encuestas afirmando una baja adhesión de los jóvenes a la fe y práctica religiosa, la realidad es que son millones en el mundo los católicos menores de 30 años que a diario son una fuente de inspiración para quienes los conocen.

Dos de estos testigos, de la diócesis de Little Rock (Estados Unidos), nos regalan sus cotidianas, sencillas, íntimas y diáfanas experiencias de encuentro amoroso con Dios en sus almas, en luminosos detalles devocionales, en la práctica sacramental, la vida de oración y el servicio al prójimo.

Rosario de la Esperanza

Bobbi Baker se describe a sí misma como una bebé milagro, en más de un sentido. No sólo porque sus padres eran ya mayores cuando ella nació, sino pues su llegada desempeñó un papel importante para que su padre recuperara la fe. “Mi padre fue a la guerra de Vietnam y perdió la fe después de ver un montón de atrocidades en la guerra. Estaba realmente perdido. No sabían que podían quedarse embarazados de mí, y mi padre dice que fue un milagro del Espíritu Santo. Mi nacimiento fue lo que le hizo volver a la Iglesia”, recuerda la joven.

Teniendo en cuenta esta historia, no es de extrañar que la familia esté tan vinculada a su parroquia, St. Agnes, en Mena. Bobbi, hoy de 29 años, que fue monaguillo en las misas durante la infancia, acabó uniéndose al coro, siendo luego asistente de feligreses frágiles y ancianos. Pero su principal alegría, dice, es la elaboración de rosarios. “Teníamos una feligresa, Pat White, y su rosario siempre se rompía”, recuerda esta joven enfermera. “Le pregunté a mi madre si podíamos arreglar su rosario y así fue como empezó: hacer rosarios arreglando rosarios”, comenta.

El favor se convirtió en una afición y finalmente en una labor de amor. Bobbi, que se casará en noviembre, disfruta haciendo rosarios coloridos que luego cuelga en un estante a la entrada de la Iglesia para quien necesite uno. Está convencida que, por intercesión de la Virgen, sus rosarios son un señuelo para los extraviados, los que están buscando, así como para los devotos. “Siempre pienso que a nuestra Madre María le gustaría mucho que pudiéramos atraer a otras personas al rezo del rosario dándoles algo bonito, que les guste mirar. Esa es mi opinión al respecto”.

Bobbi es también devota de San Miguel Arcángel y no esconde que le encantaría conocerlo. “Porque ha hecho tantas cosas maravillosas … Batalló con Satanás y sobrevivió. Es decir, esto es increíble. Pienso mucho en los ángeles porque una vez oí que Dios nos ha asignado un ángel de la guarda a cada uno de nosotros antes de nacer”, concluye.

Discerniendo el llamado al sacerdocio

En la foto central de esta crónica Ethan Harris levanta su pulgar embarrado cuando le fotografiaron el pasado mes de julio en el Campamento Covercrest donde sirvió como líder misionero para niños y otros más jóvenes que él.

Ethan tiene 21 años es miembro de la iglesia St. Michael de Van Buren, se graduó de la escuela St. Boniface y está cursando el último año de Pedagogía en Historia en la Arkansas Tech University de Russellville.

“Doy crédito a mi madre y mis abuelos por ayudarme a permanecer en la iglesia. Aplaudo a mi madre por mantenernos en la fe incluso cuando enfrentó dificultades”, inicia diciendo Ethan.

Confidencia que aprendió a ser un servidor de la iglesia cuando era joven, siendo monaguillo al igual que Bobbi. De adolescente trabajó en la pastoral juvenil, principalmente impartiendo clases y apoyando en los retiros de confirmación, donde interactuó con asesores juveniles de otras cinco parroquias locales.

“St. Michael no tenía un programa Life Teen”, recuerda y añade: “Me enteré de este campamento por Internet. Fui el primero de Arkansas en trabajar allí. Atendíamos a diferentes grupos Life Teen y Edge (junior high) de todo el país que venían para encuentros de una semana. Nos dedicábamos principalmente a las actividades religiosas. Dirigíamos pequeños grupos y actividades, trabajando con sus animadores y acompañantes. Durante el campamento, participábamos en la misa diaria y la oración matutina; nos confesábamos cada dos semanas, aprendiendo a crecer en santidad, a vivir nuestra fe y a estar mejor preparados para el apostolado”.

Así fue como Ethan descubrió que compartir su fe con grupos de adolescentes durante dos meses estaba siendo algo transformador para él y oraba para que también lo fuera para los adolescentes a quienes servía.

Y este camino de conversión está madurando en una vocación que podría llevarlo a entregar su vida por entero a Dios… “La mayoría de la gente que conozco se sorprende de lo profundamente conectado que estoy a mi fe y de la alegría que me produce. Hoy, aparte de ser profesor de secundaria, probablemente pueda ser sacerdote o ministro de la juventud a tiempo completo. Mientras era misionero en el campamento Covecrest de Life Teen, sentí una fuerte llamada a ser sacerdote. Ahora mismo lo estoy discerniendo con el Padre Ernie (Hardesty)”, finalizó.


Fuente: Portaluz.org

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