Padeciendo y combatiendo la brujería en familia. La poderosa arma que descubrieron los Tamayo Gómez

“A mi esposa se le empieza a caer el pelo, se le partían las uñas, se le cayeron las cejas, se le llenó de un acné la cara”.

Héctor Daniel Tamayo López, es un colombiano de 41 años, nacido en Frontino Antioquia, quien ha querido compartir en Portaluz —junto a su esposa— el testimonio del calvario que por largo tiempo vivieron, debido a la brujería y su débil vida de fe.

Él se formó, señala, en una familia creyente donde los abuelos rezaban el Rosario, e iban a misa: “Yo creía mucho en la Santísima Virgen, en la advocación de la Virgen del Carmen, pero también llevaba una vida de cigarrillo, alcohol, de malgastar, de muy mal vocabulario y cantidad de cosas que no me gusta ni recordar a veces” nos comenta Héctor.

A los 14 años de edad los problemas familiares se hicieron más evidentes en la familia de Héctor: “Mi papá era alcohólico y empezaron a surgir muchos problemas en la casa, división, cuando mi papá faltó, yo tenía 17 años y se suscitaron muchas cosas y simplemente se perdió la fe en absoluto, mis oraciones en la noche —si me acordaba— eran un Padre Nuestro y un Ave María y eso era lo único que hacía” recuerda.

La vida —dice Héctor— transcurría sin ningún sentido, cuando empezó el noviazgo con Marly Gómez, quien actualmente es su esposa: “Yo iba a cumplir 19 años y ella los 14; duramos casi 8 años de noviazgo y después empezamos a convivir en unión libre”. Aunque formaron un hogar, la presencia de Dios no era tan importante para ellos: “Había mucha plata para derrochar, para beber, para fumar cigarrillo y no íbamos a misa, o si íbamos a misa pues no le prestábamos atención” nos comenta.

Fenómenos paranormales

Tiempo después y a solicitud e insistencia de Marly —quien estaba embarazada— deciden contraer el sacramento del matrimonio: “Cuando yo me estoy confesando el sacerdote se quedó mirándome y me dijo iban a venir pruebas, tiempos muy difíciles. Bueno, después que nos casamos empezaron a manifestar cantidad de cosas que no eran normales, como enfermedades y sucesos en las casas donde estábamos” afirma Héctor.

Hoy, la familia Tamayo Gómez cree que estos hechos ocurrían por alguna brujería: “Inicialmente a mi esposa se le empieza a caer el pelo, se le partían las uñas, se le cayeron las cejas, se le llenó de un acné la cara, la espalda con unas manchas por todo el cuerpo. En las viviendas donde estábamos caía desde el techo, como un animal, con unas alas enormes, siempre a las tres de la mañana. La niña —que ya había nacido y tenía dos años— se levantaba a pegarle a mi esposa y a darse golpes contra la pared”, confidencia Héctor.

Cuando Marly estaba presente solían ocurrir con más frecuencia los fenómenos: “Tumbaban los platos de la cocina, yo arrancaba corriendo y los platos estaban intactos; le daban patadas a la puerta como si la quisieran tumbar, horrible; peleábamos mucho, yo lloraba” recuerda con voz emocionada esta madre colombiana.

De las brasas al fuego

El flagelo que día tras día afrontaba esta pareja se hizo insoportable y por buscar ayuda errada, aumentaron los males: “Fuimos a buscar adivinos, volvemos a Medellín y siguen los sucesos, yo me empiezo a llenar de una costra la cara, me echaba de todas las cremas que había y nada me servía y se me empezaron a secar los genitales” afirma Héctor y agrega: “Por dentro sentíamos que estábamos pecando, pero en el desespero de muchas cosas que pasábamos, así tuviéramos que pedir plata prestada íbamos” (…) “Cuando llegábamos terminábamos diciéndole la información al brujo, porque ellos con puntadas hacían que uno contara” refrenda Marly.

Fue un año en el que esta familia fue presa de brujos, sin encontrar remedio, sumidos en una crisis tanto económica como espiritual. Entonces, sin haberlo buscado siquiera, un colega de trabajo les dio una primera pista hacia un mejor camino, recomendando a Marly que orasen a diario leyendo el Libro de Proberbios.

Con la lectura de la biblia y uno que otro día rezando el Rosario los fenómenos iban disminuyendo. Héctor rememora cómo al poco tiempo hubo un hecho que le permitió ver la realidad de su estado espiritual: “Yo cojo un libro que estaba guardado en la casa hacia 4 años, es un libro de un actor de televisión que se llama: «Por qué le pasan cosas malas a la gente buena»; no llevaba una tercera parte del libro cuando le dije a mi señora que estábamos haciendo todo mal y que estábamos peor que antes por habernos puesto a buscar ayuda en personas que no son religiosos y lo primero que tenemos que hacer es una confesión de vida”.

 

Confesión y el Santo Rosario

Gracias al “padre Edwin” —recuerdan Héctor y Marly— hicieron un buen examen de conciencia y una confesión sanadora: “Un sacerdote muy querido que nos hizo la primera confesión y sentimos como si hubiéramos descargado una tonelada de piedras que llevábamos en la espalda y seguido a eso tomo yo contacto con un compañero que es un muchacho de oración y le digo que si conoce a alguien que nos puede ayudar. Nos dieron un contacto de un sacerdote que estaba en Prado Centro. Era muy anciano y lo único que le dijo a mi esposa fue: «si se quieren sanar de esto, no se despeguen del Santo Rosario y la eucaristía»”.

De esta forma el matrimonio Tamayo Gómez inició un camino de conversión, sanación y liberación con la ayuda del Rosario y otras prácticas de fe católicas: “Y con el primer rosario que hice… mi hija no volvió a manifestar nada, como cuando se levantaba, se golpeaba, me golpeaba a mí, me decía que me odiaba… En ese momento yo sé que la Virgen me mostró que ése era el camino nos afirma Marly.

Héctor y Marly se han ido liberando poco a poco, renunciaron a depositar su fe en los brujos y hoy en día su confianza está solo en Dios, confiados a la mediación de la Santísima Virgen María: Yo quiero decirle a las personas que nunca dejen de orar, de pedir, hagamos mucho el rosario en familia, no esperemos que todo sea en nuestro tiempo, porque el tiempo de Dios es perfecto, Dios es el dueño de todo, hacer el rosario para lograr una unión familiar y que sea un interés muy espiritual, y leer la palabra; es algo que tranquiliza y que ilumina” aconseja Marly a quienes padecen algún ataque espiritual del maligno.


Fuente: Portaluz.org

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