Un perdón súbito la detiene de asesinar a su marido: el rosario y la oración prepararon ese momento

Cambio de Agujas es una serie de la EUK Mamie-HM Televisión que ofrece testimonios de vidas que han cambiado tras el encuentro con Cristo. En el último programa de esta serie, Ann Elison refiere ante Cristina Casado no sólo su propia conversión, sino también la salvación del alma de su esposo.

Ann se casó muy joven con un hombre alcohólico y maltratador. Materialmente no le faltaba nada, pero su hogar era un infierno. Un día decidió que matar a su esposo era la solución a tanto sufrimiento, pero la intercesión del Corazón Inmaculado de la Virgen salvó la vida de ambos.

Un matrimonio por orgullo

oración

Cristina Casado conversó con Ann Ellison en “Cambio de Agujas”.

Anne Elison nació en Montgomery, Alabama (EEUU) en el seno de una familia católica donde reinaba el amor y la armonía. Fue la octava de nueve hermanos. Su infancia fue tan feliz que ella pensaba que siempre era así, que “cuando te casas, lo haces con el hombre perfecto”: “Y cuando al final te casas, y lo haces con alguien que no es perfecto… yo creo que me llené de resentimiento. Me amargué y, en un cierto sentido, le eché la culpa a Dios”. Tenía solo veinte años cuando se casó. Uno de sus hermanos se había dado cuenta de cómo era el hombre con el que Anne quería casarse y trató de impedirlo.

Ella reconoce ahora que fue el orgullo lo que le impidió dejarse aconsejar. Pero reconoce también que el Señor hace sus planes contando incluso con nuestras equivocaciones.

Alejada de la Iglesia durante veinte años

No tardó mucho nuestra protagonista en darse cuenta del error: “Llevábamos apenas dos semanas casados cuando él me empezó a pegar… Progresivamente fue a peor. Tuvimos a nuestros hijos. Él era alcohólico y eso trajo mucha violencia a nuestro hogar. Entonces sí, me alejé de la Iglesia durante veinte años”.

Tras su retiro de la práctica religiosa y viviendo en ese infierno, Anne vivió una primera conversión: “Bueno, pensé que me había convertido. Pero realmente no fue una conversión completa. Empecé a ir a la Iglesia, a grupos donde se rezaba el rosario, haciendo todo tipo de cosas religiosas… Pero, al tiempo, odiaba a mi marido con mucha vehemencia, cada año estaba más amargada, más amargada”.

Anne y su esposo trabajaban en el Kennedy Space Center, en Florida. Tenían buenos puestos los dos. Pero él cayó más y más en la espiral del alcohol, hasta terminar abandonando su trabajo.

Además del infierno que suponía esta situación, Anne tuvo que proveer sola a todas las necesidades de su familia, incluidas las de su esposo: “En ese momento yo quería divorciarme más que nunca. Quería vivir en paz y que mis hijos viviesen en paz. Por eso, le quería a él fuera de mi vida, porque él no trabajaba, sólo bebía, y era horroroso, porque cuanto más bebía, más violento se volvía”.

“Yo ya estaba al límite de mis fuerzas”, continúa: “Lo único que consiguió que me quedara con él fue mi madre, porque mi madre me decía: El matrimonio es sagrado, has hecho un voto a Dios para lo bueno y para lo malo”.

“Si hubiésemos rezado…”

Anne continua reflexionando sobre su vida y confiesa: “Si hubiera sabido entonces todo lo que sé ahora, habría tenido un matrimonio precioso, porque uno de los problemas era que yo era muy egoísta. Yo quería lo que quería yo, no me preocupaba para nada ni mi marido ni sus problemas. Si yo hubiera puesto a mis hijos pequeños a rezar el rosario por su padre, si hubiéramos estado en familia rezando por mi marido, él habría cambiado en muy poco tiempo, porque Dios no puede ignorar las oraciones de los pequeños inocentes”.

“Pero yo estaba demasiado amargada”, lamenta, “era demasiado egoísta, estaba enojada y sentía demasiado odio para ni siquiera pensar en hacer algo así. Si pudiéramos ser las personas que Dios quiso que fuéramos al crearnos, si pudiéramos ser las mujeres que Dios realmente quiere que seamos… Ser el corazón del hogar, la maestra, ser en casa la parte que ama y que perdona. Y enseñar a los niños a amar, perdonar y rezar, todo tu matrimonio cambiaría totalmente”.

El plan del crimen

Llegó un momento en que Anne no vio otra salida a su situación sino matar a su esposo: Empecé a planear cómo asesinar a mi marido, porque ya no podía más. Esto pasó cuando yo ya iba a rezar el rosario y a misa diaria. Estaba recibiendo a nuestro Señor con estos pensamientos en la cabeza”.

Un mes después de la muerte de su madre Anne echó a su esposo de casa: “Le dije: Vete. Le di un coche, dinero y le dije: Por favor, no vuelvas. Déjanos vivir en paz. Pero él seguía viniendo. No vivía con nosotros pero venía de vez en cuando, siempre borracho como una cuba”.

Era una mañana de sábado. Anne estaba sola en casa y escuchó el coche de su esposo aparcando en el garaje y su paso tambaleante en dirección a la puerta.

“Cuando le vi fuera de casa me dije: Esta es la gota que colmó el vaso. Le voy a matar hoy mismo, porque no puedo aguantar esto por más tiempo. Subí a mi habitación donde teníamos una pistola calibre 22 en el armario. Busqué y busqué pero no estaba allí”, recuerda.

El momento que lo cambió todo

Uno de sus hijos había cambiado la pistola de sitio. Bajó la escalera llena de rabia: “Entonces tomé la manilla de la puerta y la abrí violentamente, con todas mis fuerzas. Todo pasó en apenas tres segundos, no más, porque él ni siquiera tuvo tiempo para decir Hola o algo, antes de que todo esto me pasase. En cuanto abrí esa puerta, no vi a un borracho ahí de pie, vi un hombre con una enfermedad. Me di cuenta de que él tenía una enfermedad. Fue como si me viniera un rayo de luz y vi todo lo que había hecho yo y como estaba colaborando para mantenerle en ese estado. Yo vi todos los gritos, todo el rechazo, toda la falta de amor en mi matrimonio. Vi todo esto y a la vez, lo que una mujer tenía que ser verdaderamente: tenía que haber sido esposa y madre. Todo eso me vino en ese momento, en esos pocos segundos. Todo lo que pude decir fue: ‘¡Oh, Mickey!, lo siento, perdóname, perdóname’. Lo abracé”.

Anne explica: “Él no cambió en nada, fui yo la que cambió. Lo que yo entendí en ese momento fue que yo estaba llena de amor hacia ese hombre, estaba llena de un amor con el que nunca había amado en toda mi vida. No me importaba nada de lo que él hiciera. Le amaba con ese amor y me di cuenta después, porque él vivió solo tres años más y nunca dejó de beber, nunca dejó de pegarme… Desde que abrí esa puerta, empecé a ponerle en el Corazón Inmaculado de la Virgen y dije: ‘Mamá, no puedo hacer nada por él’”.

Anne comprendió que con sus solas fuerzas no podía sacar a su esposo del abismo de miseria y degradación en el que se encontraba, por eso lo confió al Corazón de la Virgen María: “Comencé a rezar el rosario por él todos los días, fui a Misa por él, y la vi a Ella salvar su alma”.

En sus últimos momentos de vida, la Misericordia de Dios vino en auxilio de este pobre hombre: “Él estaba en coma, no le habíamos oído decir nada en mucho tiempo. Pero cuando el sacerdote dijo: Mickey, ¿aceptas a Jesús? Mickey respondió: ´Ahhh´. Entonces yo supe que le estaba aceptando y tuve la certeza de que Nuestra Madre estaba trabajando en él”.

Anne tuvo la certeza interior de que su esposo se había salvado, y de que su misión en esta tierra había sido colaborar –con su sacrificio– a su salvación. Sabía que la Virgen había salvado su alma. El Señor le concedió la alegría de verle morir habiendo aceptado a Jesucristo en su vida.

La importancia de la oración

“A lo mejor estaba en lo más profundo del purgatorio, pero sabía que no estaba en el infierno y sabía que Ella había salvado su alma”, explica Ann: “Y de lo que me di cuenta es de que si yo no me hubiera casado con él, a lo mejor su alma no se habría salvado. El Señor estaba contento y yo también estoy contenta, no me importa el sacrificio que me ha costado”.

Anne insiste en la importancia de la oración: “Si ves que estás en una situación así, como esta que viví yo, reza, entrégate a Dios, a la Virgen, dale esa persona a la Virgen. Si un marido tiene una mujer que es alcohólica, que le dé su mujer al Inmaculado Corazón de María, y verá cómo la Virgen trabaja. Hace cosas maravillosas. Y es el camino para que tú tengas más paz”.


Fuente: ReL

 

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