“Cómo rezo el Rosario con mis amigos, los santos”

Margaret Rose Realy es una oblata benedictina estadounidense. Tras publicar una foto de su rosario, recibió variadas consultas sobre las medallas que le había agregado. Para responder, Margaret reflexiona sobre esa dimensión sobrenatural que tiene el Rosario y a veces pasamos por alto:

Margaret Rose Realy

Margaret Rose Realy, Obl.OSB

Antes, yo tenía la costumbre de pasar el tiempo con una amiga de nuestra parroquia que conocía de mucho tiempo. Cuando nos veíamos, siempre poníamos música de fondo. A ella le gustaban todos los estilos: jazz, blues, clásica, country, moderna, cristianas, y hasta un poco de remix Motown. La música marcaba la pauta para lo que hacíamos: disfrutar a Vivaldi mientras tejíamos, seguir el compás del country mientras preparábamos almuerzo, reír a todo pulmón con las bromas de un fallecido amigo de Detroit, o fortalecer el alma para encarar el inminente final del cáncer.

El Rosario tiene algo de musical, como esos momentos. Rezar el Rosario es un movimiento de vaivén, un balanceo al compás de música Sagrada. Las familiares palabras del Ave María crean un fondo, el Padre Nuestro marca el tiempo con un ritmo celestial, mientras el mundo exterior se aleja.

No oramos solos, sino con María, que lleva nuestras oraciones a su Hijo, y con los santos cuyo carisma coincide con nuestras intenciones. Oramos en una comunidad —una enorme comunidad de santos— incluso si nos sentimos solos interiormente.

Piénselo por un momento…

Un encuentro con los amigos del Cielo

¿Cuántas fotos guarda en su cámara o su teléfono? La mayoría serán con la familia y los amigos. Mirándolas, esas imágenes nos traen el recuerdo de la bondad, la belleza, el amor o la perseverancia. Un vistazo basta para que nos renueven el aliento durante nuestro día. A menudo, si contemplamos la foto de alguien muy querido, sentimos el deseo de ser mejores personas; nos alegra saber que damos alegría a otro. Las personas a quienes amamos nos brindan una sensación de tranquilidad y consuelo, incluso con una mera imagen.

Así también es el Rosario. Es la música de fondo para un encuentro con santos amigos, unidos en una conversación de oraciones recitadas para mediación o defensa. Así rezo yo el Rosario, y así me relaciono con los santos cuyas medallas he colocado entre mis cuentas.

Cuando cierta vez compartí en redes sociales la imagen de uno de mis rosarios, me hicieron varias preguntas: ¿Por qué había elegido a tal santo? ¿De dónde venían las medallas? ¿Se pusieron en algún orden significativo?

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Medallas que se eligen y medallas que llegan

Elegir las medallas de santos que vamos a poner en un rosario puede ser un acto simple o complicado, y puede continuar la vida entera. En mi caso, algunas medallas tienen décadas y otras llegaron a mi rosario hace poco.

Desde los cuatro años siento especial amor por Santa María Magdalena y tomé su nombre para mi Confirmación [Nota: existe la costumbre de elegir un nombre extra para la confirmación, dado que es una renovación consciente de las promesas del bautismo]; después de la Virgen de las Gracias, mi primera medalla es de la Magdalena. Cuando me hice Oblata benedictina tomé el nombre de Santa Hildegarda; su imagen junto con la de San Benito las agregé recientemente a mi rosario. También hay medallas de santos que “han salido a mi encuentro” a raíz de circunstancias puntuales: Santa Catalina de Siena, San Francisco, Santa Faustina, San Pío de Pietrelcina, San Miguel Arcángel, San Juan Pablo II…

Hay un ritmo, un vaivén en compañía de lo sagrado cuando rezamos el Rosario. ¿Qué santos te acercan más a nuestro Dios?

Margaret Rose Realy, Obl.OSB


Fuente: Aleteia / Un Minuto con María

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