Papa Francisco: Orad a Dios para que envíe sacerdotes y monjas

Orar a Dios por las vocaciones, para que envíe sacerdotes y monjas con el corazón sólo para Él, libres de la idolatría de la vanidad, del poder y el dinero. Es la exhortación que el Papa Francisco ha realizado durante la misa celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta el 3 de marzo recién pasado.

papa francisco rezando un rosario por chile

El Evangelio del hombre rico, que se arroja de rodillas delante de Jesús para preguntarle qué debe hacer para heredar la vida eterna, ha sido el tema central de la homilía del Santo Padre. Este hombre  “tenía tantas ganas de escuchar las palabras de Jesús”: era “un hombre bueno, porque desde su juventud había observado los mandamientos. Un buen hombre”, por lo tanto, “pero esto no era suficiente para él: quería más. El Espíritu Santo le empujaba”. Jesús lo mira con amor y le hace la propuesta: “Vende todo y ven conmigo a predicar el Evangelio”. Pero él, al oír esas palabras, “frunció el ceño y se fue triste” porque poseía muchos bienes:

“Cuántos jóvenes – prosiguió el papa Francisco – sienten en sus corazones esta ‘llamada’ a acercarse a Jesús, y están emocionados”, “no se avergüenzan de ponerse de rodillas” delante de Él, de “dar una demostración pública de su fe en Jesucristo” y “quieren seguirlo, pero, cuando tienen el corazón lleno de otra cosa y no son lo suficientemente valientes como para vaciarlo, dan marcha atrás, y aquella alegría se convierte en tristeza”. También hoy hay muchos jóvenes que tienen vocación, pero a veces hay algo “que los detiene”:

“Tenemos que orar para que los corazones de estos jóvenes puedan vaciarse, vaciarse de otros intereses, otros amores, para que el corazón se vuelva libre. Y esta es la oración por las vocaciones: ‘Señor, envíanos monjas, envíanos sacerdotes, defiéndelos de la idolatría, de la idolatría de la vanidad, de la idolatría de la soberbia, de la idolatría del poder, de la idolatría del dinero’. Y nuestra oración es para preparar estos corazones para que puedan seguir de cerca a Jesús”.

El hombre de este Evangelio es “tan bueno y después tan infeliz”. Hoy hay tantos jóvenes así. Por eso se necesita elevar a Dios una oración intensa:

‘Ayuda, Señor, a estos jóvenes, para que sean libres y no sean esclavos, para que tengan el corazón sólo para ti’, y así la llamada del Señor puede llegar, puede dar fruto. Ésta es la oración por las vocaciones, de las que tenemos que hacer muchas. Pero, siempre estar atentos: las vocaciones existen. Debemos ayudar para que crezcan, para que el Señor pueda entrar en estos corazones y dar este gozo inefable y glorioso que tiene cada persona que sigue de cerca a Jesús”

Fuente: www.zenit.org

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