Maxi Acuña: “¡El Rosario me salvó la vida!”

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Maximiliano Roberto “Maxi” Acuña es un recolector de residuos argentino de 33 años, que perdió las piernas en marzo pasado tras un accidente mientras trabajaba. Al final de la audiencia general del miércoles 8 de noviembre de 2017, Maxi cumplió un sueño: viajar a Roma y encontrar al papa Francisco.

“Eres un ejemplo de vida – me dijo – y que Dios estaba siempre conmigo y me daba muchas bendiciones”, contó Maxi, como lo llaman cariñosamente sus compañeros de trabajo. Francisco le susurró al oído mientras lo abrazaba fuertemente: “Vos valés mucho” y el joven recolector se conmovía hasta las lagrimas: “Lloré, eso sentía en ese momento”.

“Era un encuentro que teníamos pendiente”, expresó Acuña. Efectivamente, el Papa le había llamado el 17 de julio de 2017 mientras se dirigía a la Legislatura porteña a recibir una distinción para darle ánimos y reconfortarlo en el momento más duro de su vida. A través de un amigo en común, el legislador argentino, Gustavo Vera, el papa Francisco recibió la noticia del caso de Acuña y le prometió que se verían.

“Maxi”, es padre de cinco hijos y tuvieron que apuntarle las piernas luego de que el 22 de marzo pasado un conductor que manejaba alcoholizado y drogado, embistiera en avenida Juan B. Justo al camión basurero en el que él estaba trabajando.

El día del encuentro con Francisco llegó. “Sí, tuve un reencuentro muy importante con Dios y él me lo hizo recordar”, añadió. “Me ha dado mucha fuerza y me dijo que se alegraba de haberme conocido. Él se acordó que me había llamado cuando estaba en Buenos Aires y me encontraba apenas salido del accidente. Y fue muy emocionante saber que el Papa, con todas las personas que tiene que atender, se acuerde de la llamada que me hizo”.

Rosario

“Me aferré al Rosario. Cuando me chocan, me saqué el Rosario del cuello donde lo tenía colgado y nos pusimos a rezar con mi compañero de trabajo. Y nada, el Rosario se rompió. Desde ese momento ya no lo vi más desde que me acuerdo. Yo tenía la Virgen María tatuada. Ella me ayudó también”, narró.

El apego al Rosario no vino con el accidente. “Yo siempre llevaba el Rosario conmigo al salir de casa, al trabajo, colgado en el cuello. Un Rosario normal. Y eso me salvó y después ya no lo tenía más (tras el accidente), al despertarme conseguí uno inmediatamente”.

Luego de camino al hospital tuvo un paro cardiaco. “Las transfusiones de sangre fueron varias. Yo estaba muerto, para la familia estaba desahuciado, estaba peleando por la vida de la mano de Dios”.

Maxi se había tatuado la imagen de la Virgen Del Rosario Caá Catí en la pierna derecha por una promesa que le hizo a la Madre de Jesús para agradecer el nacimiento de su hijo varón que hoy tiene 13 años. Ahora, del Vaticano se lleva otro Rosario bendecido por el papa Francisco.

El conductor que causó el accidente estaba ebrio. ¿Cómo la fe ayuda a perdonar? “Si hoy me volviera a cruzar a este muchacho lo perdonaría. Porque quiero tener el corazón limpio y hoy no quiero tener culpa de nada. Es un alivio el perdón”.

¿Qué pasó con el joven que conducía drogado? “¡Le dieron 4 años de cárcel. Está preso! No lo conozco. Yo vi el auto, como lo sacaron detrás del camión, se le salió el motor, nos chocó a 130 kilómetros por hora”.

“Dios nos enseña. Hay que aprender a perdonar. Por más dolores que haya. Porque hace bien para el corazón. El perdón es una pieza fundamental para quien cree en Dios y para mí es muy grande”.

“Hay muchas coincidencias. El 22 de julio cumplí 33 años, la edad de Cristo. Cosas que solo Dios sabe. Yo desperté el tercer día, los mismos días de la resurrección; estaba muerto”.

“Nunca me imaginé un encuentro con Francisco. Pero aquí llegamos”, dice complacido y sin creerlo, aún contemplando la foto que le hizo el fotógrafo oficial del servicio Osservatore Romano donde Francisco lo abraza de manera entrañable.

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Papa Francisco abraza a Maxi Acuña

Futuro

El propósito de Maximiliano es volver a trabajar para no depender de una jubilación. “Volver a trabajar como yo lo hacía”. Las prótesis nuevas le dan bríos para volver a caminar. “Ha sido un milagro”.

Aún no sabe en qué trabajará debido a su condición física, pero la idea es ser útil a la sociedad. “Tengo muchas ganas de salir adelante, tengo una familia atrás y hay que hacer todo por ellos”, expresó el recolector.

“¡Dios existe y es muy grande! Él siempre tiene cosas buenas para cada persona. Las cosas pasan porque Él lo decide y por algo pasa. Y a mí me mostró que nunca me abandonó”.

Conocía a Bergoglio solo en las fotos y en las noticias, pero encontrarlo en Roma ha sido “una alegría muy grande”.

De sus mensajes, le ha cautivado mucho la exhortación a las familias a reunirse alrededor de la mesa para compartir, sin celulares ni distracciones. “Hablar, compartir, estar juntos”.

Maxi cuenta con el apoyo de sus seres queridos, vive en un terreno con sus padres y hermanas, cada uno tiene su espacio en el predio ubicado en las Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires.

Dignidad

El 22 de marzo, el día del accidente laboral de Maxi, se ha convertido en el día nacional del recolector en Argentina. La ley fue aprobada a la unanimidad. “Algo que no pasaba en muchos años” de legislatura, comentó Maxi. La Jornada también celebra la dignidad de estos trabajadores olvidados e investidos de una función pública vital para cualquier comunidad.

“Fuimos al Congreso de Buenos Aires y de 53 votos que había, todos estuvieron a favor de la ley y fue un hecho inédito. Hoy tenemos la Ley del día del recolector para todos los camioneros”, dice orgulloso Maxi.


Fuente: Aleteia

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