“María, si Dios es real, pruébalo”: rezando el rosario con esta petición, una joven atea da giro radical

Emma Fradd es cantante y guitarrista en el grupo musical Interior Castle, cuya música define como “dream pop dinámico” y últimamente ha escrito incluso una novela corta de “género negro” que acompaña a su música.

Emma Fradd RosarioHace pocos años Emma se consideraba atea y tocaba en una banda completamente hostil a lo religioso. Hoy es una católica entusiasta y sus letras siempre salpican con un anhelo de redención y elevación.

La transformación sucedió en varias fases, pero la principal, piensa ella, se dio cuando dedicó semanas enteras a rezar, cada día, con estas palabras: “María, si Dios es real, pruébalo”.

Perdiendo la fe en el instituto

Emma Fradd nació y se crió en una familia católica norteamericana y acudía a una escuela nominalmente católica, pero al crecer fue perdiendo la fe. Sus amigos en el instituto no creían en Dios. Ella se consideró más o menos agnóstica unos años, aunque abierta un tiempo a la idea de Dios. Con amigos neopaganos y budistas probó algunos rituales, pero en ninguno de ellos percibió nada.

Al final de sus estudios en el instituto se sumó a una banda de música en la que todos eran ateos militantes y también ella decidió expresar su increencia con beligerancia.

Hubo un tiempo en que aún asistía a misa con sus padres pero negándose a arrodillarse o ir a comulgar. Se introdujo también en un estilo de vida que incluía el abuso de alcohol, experimentar con las drogas, “relaciones impuras y, en general, sobre todo tristeza”.

El hermano converso en la JMJ

En la JMJ del año 2000 en Roma su hermano Matthew “experimentó una potente conversión”. “Recuerdo que volvió lleno de gozo; dejó de ser un hermano que se dedicaba a fastidiarme para ser alguien con quien podía hablar de todo”.

En 2008 Matt la invitó a vivir un tiempo con él y su esposa en Irlanda. Emma tenía 18 años, y le agradaba pasar tiempo con su sobrinito Liam “increíblemente tierno” y buscar algún trabajo en Irlanda. Matthew y su esposa rezaban cada noche, iban a misa varias veces por semana y eran responsables de jóvenes de una parroquia. La invitaban a misa y a orar, pero ella lo rechazaba. Por la noche podía hablar con tranquilidad de cosas de fe con su hermano.

La clave de su ateísmo radicaba, desde la adolescencia, en una idea central: ¿Cómo saber si Dios existe, puesto que no se le puede ver ni oír? Matt invitaba a su hermana a orar para experimentar a Dios. Pero ella se negaba.

Ir a Medjugorje con actitud abierta

El primer punto de inflexión llegó cuando Matt y su esposa la invitaron a acudir a Medjugorje con los jóvenes de la parroquia. “Ven con nosotros, nuestro párroco te lo paga”, le dijeron. “Acepté a regañadientes, nada encantada con la idea de pasar toda una semana rodeada de católicos”, recuerda.

Antes de salir, un conocido de la familia llamó por teléfono a casa. Emma atendió la llamada y, conversando, él preguntó qué pensaba del viaje a Medjugorje. Emma le contestó que no la entusiasmaba demasiado. “Bueno, mantente abierta, nunca sabes lo que podría pasar”, replicó él. Y esas palabras se grabaron en su interior, le impactaron.

“Recuerdo que fui al dormitorio de Matt y Cameron la noche anterior a llorar, no sabía ni por qué, básicamente de infelicidad. Recuerdo decirles que estaba dispuesta a estar abierta en Medjugorje, que oraría e iría a misa. Impresionante”.

Así llegó a Medjugorje, donde la gente reza el rosario, se confiesa, va a misa y se pregunta si realmente la Virgen se aparece a los videntes en este pueblecito de Bosnia.

Emma pensó que no era tan duro. Rezó sus rosarios como se había comprometido, acudió a misa e incluso intentó confesarse. En realidad no llegó a ser una confesión porque se dedicó más bien a plantear al sacerdote sus interrogantes. Por ejemplo, ¿podía a Dios gustarle que alguien que no cree en Él le dirigiera padrenuestros, sin fe? “La oración no es sólo que tú le hables a Dios, sino que Dios te habla a ti”, le aclaró el sacerdote.

Apelo a la Virgen María a través del Rosario

Emma FraddEl siguiente gran punto de inflexión llegó en ese mismo día. Emma decidió que necesitaba acudir a la Madre de Dios. Desde ese momento se centró en una sola petición: “María, si Dios es real, pruébalo”. Y lo rezaba con 10 avemarías, ayudándose de una pulsera que su hermano le compró allí porque ella le pidió “una de esas pulseras decenario del rosario, de esas que nadie sabe que son rosarios en realidad”. Lo rezó durante una semana.

Inmediatamente después, toda la familia viajó a Canadá para un encuentro del sistema de evangelización juvenil Net Ministries. Se trataba de un retiro para formar a 60 jóvenes que dedicarían 10 meses enteros, a tiempo completo, a evangelizar de escuela en escuela y parroquia en parroquia. “Yo iba a aquel campamento de niñera, con mi sobrino Liam”, recuerda.

Una oración carismática

Llegaron al campamento cuando todos los asistentes habían empezado ya una intensa oración de alabanza al estilo carismático.

“Había una banda de música con los 60 voluntarios en alabanza y adoración, y no se parecía a nada que yo hubiera visto antes. Eran muy carismáticos en su oración, con las manos levantadas, muchos alabando de forma espontánea, cantándole muy fuerte a Dios. Pensé que parecían absolutamente ridículos.

“Diez minutos después, me sentí incómoda y me di cuenta de que todos parecían muy felices, que cada uno de ellos tenía un gozo auténtico, y me puse a llorar. Entré en la capillita y me senté ante el Santísimo. Recuerdo orar así: ‘Dios, ya no quiero ser solitaria, no quiero buscarte en los sitios equivocados, quiero lo que tiene esa gente, y si lo que tienen es a Ti, te pido que te reveles a mí y me des el don de la fe’”.

La clave: Dios es infinito

Al día siguiente, Emma escuchó una charla sobre el amor de Dios. Eran cosas que ya había oído antes, pero las sentía ahora de otra manera. En cierto momento, el predicador dijo: “Dios mató a parte de Sí mismo para salvarte… ¿cómo puedes concebir eso?”

Y esa frase puso en marcha una experiencia extraña en Emma que la desbloqueó espiritualmente. Ella asegura que fue así como “María respondió a mi petición”. Emma quería ver a Dios, oír a Dios. Pero ahora entendió que Dios era demasiado grande. ¡Demasiado grande!

“Recuerdo que me di cuenta de que Dios es tan, tan, tan grande… y que yo intentaba encajonarlo en mi cabeza… pero Él es infinito, no hay forma de que nunca pueda entenderlo al cien por ciento. Lloré y lloré, fui corriendo y le dije a mi hermano la buena noticia: Dios me había dado el don de la fe, y por primera vez sabía sin duda que Dios era real, que me amaba, que amaba a todos, y quería tener una relación conmigo en la tierra y en el cielo”.

Una semana orando avemarías y pidiendo la intercesión de María habían hundido su ateísmo.

Dos años de evangelizadora a tiempo completo

Ahora tenía experiencia. Esa semana con Net Ministries experimentó la adoración eucarística, su primera confesión en 5 años, la misa en plenitud. Conoció a muchas personas y sus viajes de fe. Y decidió servir al Señor. Durante dos años se dedicó a la evangelización de jóvenes a tiempo completo con Net Ministries. En 2010 y 2011 viajó de ciudad en ciudad por Canadá, distancias enormes, todo un año tocando y cantando y predicando con el equipo de Net. Desarrolló el hábito de la oración diaria. Podía combinar sus dos pasiones: la música y Cristo.

A partir de 2012 sacó un par de discos de música muy distinta a la que había hecho como atea, y en 2014 se integró en Interior Castle, su grupo actual. Hoy vive en Inglaterra, con una economía más que austera pero con una alegría espiritual y musical rotunda.


Fuente: ReL

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