La oración según San Juan Crisóstomo

San Juan de Antioquía (347-407) fue arzobispo de Constantinopla y uno de los Padres de la Iglesia. Destacó por la elocuencia extraordinaria de su oratoria, traspasada también a la palabra escrita, todo lo cual le ganó el apodo de Crisóstomo, que en griego significa boca de oro. A continuación compartimos algunas de sus enseñanzas sobre la oración:

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San Juan Crisóstomo

«La oración es luz del alma, verdadero conocimiento de Dios, mediadora entre Dios y los hombres. Por ella nuestro espíritu, elevado hasta el cielo, abraza a Dios con abrazos inefables; por ella nuestro espíritu espera el cumplimiento de sus propios anhelos y recibe unos bienes que superan todo lo natural y visible.

«La oración no es el efecto de una actitud exterior, sino que procede del corazón. No se reduce a unas horas o momentos determinados, sino que está en continua actividad, lo mismo de día que de noche. No hay que contentarse con orientar a Dios el pensamiento cuando se dedica exclusivamente a la oración; sino que, aun cuando se encuentre absorbida por otras preocupaciones (…) hay que sembrarlas del deseo y el recuerdo de Dios».

San Juan Crisóstomo, Homilía 6, sobre la oración

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