Rosario por los Difuntos

El Rosario es la oración que la Santísima Virgen María pide con insistencia que recemos a diario, para alcanzar nuestra conversión, nuestra salvación y la de toda la humanidad. También, podemos rezar el rosario por los difuntos, pidiendo por la salvación del alma de algún ser querido, lo que  traerá la paz, fortaleciendo nuestra fe y esperanza en su resurrección y la nuestra.

Para ello puede seguir las indicaciones de cómo rezar el rosario por los difuntos haciendo click en el siguiente folleto:

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Rosario por los Difuntos

El Rosario es la oración que la Santísima Virgen María pide con insistencia que recemos a diario, para alcanzar nuestra conversión, nuestra salvación y la de toda la humanidad. Por ello, rezarlo pidiendo por la salvación del alma de nuestro (a) hermano (a) N.N. traerá también a nosotros la paz, fortaleciendo nuestra fe y esperanza en su resurrección y la nuestra.

Al disponer nuestro espíritu para orar confiemos en las palabras de Jesús y en su promesa: “Yo soy la Resurrección y la Vida”; “El que cree en mí, aunque muera, vivirá”.

Invitación a la oración

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Estamos reunidos junto a los restos mortales de N.N., nuestro (a) hermano (a) en la fe.

Vamos a pedir a Dios, nuestro Padre, por este hijo (a) suyo que ha fallecido y también tendremos presente en nuestra oración a los que más sufren en este momento de dolor, pidiendo para ellos el consuelo y la paz.

Rosario

Iniciemos rezando tres Ave María, un Padre Nuestro y un Gloria por el Papa y por sus intenciones.

Primer Misterio Glorioso: LA RESURRECCIÓN

Al tercer día de su muerte, Jesús resucita, iniciando un mundo y una vida nuevos.

“¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí. Resucitó.” (Lc 24,6)

Pongamos en las manos de Dios, Padre bondadoso, a su hijo (a) N.N., sabiendo que resucitará como Jesús resucitó.

Padre Nuestro / 10 Ave María / Gloria / Oh Jesús mío.

Segundo Misterio Glorioso: LA ASCENSIÓN

Jesús resucitado sube al cielo, de donde volverá a buscarnos.

“En la casa de mi Padre hay muchas mansiones… Después que yo haya ido a prepararles un lugar, volveré a buscarlos para que donde yo estoy, estén también ustedes.” (Jn 14,2-3)

Estas palabras de Jesús vienen a traernos hoy esperanza y consuelo. Estamos invitados a reunirnos como hermanos en la casa del Padre, donde viviremos felices para siempre.

Padre Nuestro / 10 Ave María / Gloria / Oh Jesús mío.

Tercer Misterio Glorioso: PENTECOSTÉS

Jesús glorificado junto al Padre, envía al Espíritu Santo sobre los apóstoles y discípulos.

“Conviértanse y háganse bautizar cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo, para que sus pecados sean perdonados. Y Dios les dará el Espíritu Santo.” (Hch 2,38)

Pidamos por nosotros para que sepamos oír hoy el mensaje del Señor y por nuestro (a) hermano (a) N.N. para que el Señor misericordioso, lo (a) juzgue con bondad.

Padre Nuestro / 10 Ave María / Gloria / Oh Jesús mío.

Cuarto Misterio Glorioso: LA ASUNCIÓN

La Virgen María es llevada en cuerpo y alma al cielo.

“El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá y el que vive y cree en mí, no morirá para siempre.” (Jn 11,25)

Pidamos para que en nosotros aumente la fe en Dios Padre y en Jesucristo su Hijo, y encomendemos a nuestro (a) hermano (a) N.N.

Padre Nuestro / 10 Ave María / Gloria / Oh Jesús mío.

Quinto Misterio Glorioso: LA CORONACION

La Virgen María es coronada en el cielo como reina de toda la creación.

“Los atletas se imponen una disciplina muy estricta, por una corona de laureles que se marchita. ¡Cuánto más nosotros, por una corona que no se marchita!” (1 Cor 9, 25).

Pidamos, unidos a la Virgen María, por nuestro (a) hermano (a) N.N., para que alcance el gozo y la gloria que María ya posee.

Padre Nuestro / 10 Ave María / Gloria / Oh Jesús mío.

Honremos a la Virgen María con el rezo de la Salve:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. ¡Ea! pues, Señora, Abogada nuestra, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos; y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Lectura Bíblica: Marcos 8, 34-38.

Oremos: Padre de bondad, en tus manos encomendamos el alma de nuestro (a) hermano (a) N.N.; dígnate llevarlo (a) al lugar de la luz y de la paz, para que tenga parte en la Asamblea de tus Santos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(*) Foyer, Nta. Sra. del Carmen: “Rosario I, escuela de meditación, pp. 82-83”
(Con aprobación eclesiástica).